
Antes de dibujar, medimos. Cada proyecto empieza con una estación meteorológica propia en el sitio, registrando temperatura, viento y humedad reales, no promedios de una ciudad cercana. El clima no se supone, se conoce.

Las primeras líneas no son nuestras, son suyas. Escuchamos y bosquejamos las ideas del cliente tal como llegan, deseos, referencias, necesidades, antes de traducirlas a un lenguaje arquitectónico propio.

La idea baja a la mano. Sobre esos bosquejos iniciales construimos maquetas de trabajo, volúmenes rápidos, sin pulir, que sirven para pensar en tres dimensiones antes de comprometer una sola línea de plano constructivo.









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